5/11/2023
Bendición de la Rev. Rebecca Mallozzi
por Rebecca Mallozzi
Este será mi primer Día de la Madre como madre. Después de años de intentarlo y de experimentar el dolor de la pérdida y la decepción, hemos llegado a este lugar loco, salvaje y encantador en el que mi hijo forma parte de mi nueva realidad. La gente me dijo que encontraría la manera de hacer de "madre" de formas que nunca imaginé que sería capaz. O competente. Me dijeron que ni siquiera entendería cómo es posible amar así. Y ahora me doy cuenta de que me quedé corta, porque en cuanto le oí llorar por primera vez supe que estaba perdida. Supe que haría cualquier cosa por este pequeño ser humano.
El amor nos hace actuar de una determinada manera. El amor nos inspira a hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos y a actuar de formas que quizá ni siquiera sabíamos que podíamos actuar. El amor nos hace mejores y nos hace querer sea mejor, para nosotros mismos y para los demás. Eso es lo que encuentro en las palabras de Jesús en Juan 14. En el versículo 15, Jesús dice: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos". Jesús no dice: "Te amaré si guardáis mis mandamientos". Jesús nos ama incondicionalmente. Lo que oigo que Jesús nos dice es que cuando nosotros amor, nosotros actuará de una determinada manera. Nosotros haremos lo necesario para seguir a Jesús en nuestro tiempo y lugar particulares. Nosotros cumpliremos el mandamiento de Jesús de amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. Puede que no sepamos que somos capaces (o competentes) para amar como Dios nos llama a amar. Y cuando fallamos (como somos propensos a hacer de vez en cuando), Jesús está ahí para perdonarnos y amarnos de todos modos. Por la gracia de Dios, hay momentos - destellos en el tiempo - en los que realmente dejamos que el amor de Dios brille en nosotros y a través de nosotros, de palabra y de obra.
En el amor, me encuentro imaginando todas las cosas que haría por esta nueva pequeña vida a mi cuidado. En el amor, estamos llamados a imaginar y vivir las formas en que Jesús nos llama a amar, siguiendo el mandamiento de amarnos los unos a los otros como Dios nos amó primero. Date gracia y recuerda que Jesús está con nosotros y en nosotros (no nos quedamos huérfanos, como promete Jesús en Juan 14:18). Que eso nos anime a vivir con bondad y justicia, a trabajar por la dignidad y la humanidad de los demás, y a hacer lo mejor que podamos con lo que tenemos donde estamos.
